Estoy en la soledad mendiga del desencuentro, ya ni escribo ni leo, solo sigo el ciclo infernal de los días muertos. Sabia que las cosas no estaban bien, sin embargo, ahí seguí, fiel a mis demonios, a mis ganas de hacer lo que se me planta en culo. Y aquí estoy, padeciendo el dolor maldito de los efectos de las causas.
Tengo la convicción de no morir en el intento, de sobrevivir a tanto tormento. La justicia es una farsa y la melancolía una condición, bella y miserable como todo lo que te condiciona.
He bebido unos cuantos vasos de pisco y me siento absurda, irreal… ¿acaso la vida no lo es?, me pregunto, me pregunto…
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