Alguna vez se han preguntado las razones de nuestras costumbres, o, han sentido la necesidad de saber por qué hay
cosas que toleramos y otras no. En este sentido, se cuestionan cómo llegamos a deducir que algo sea bueno o malo. No es fácil saber de dónde
somos lo que somos y por qué hacemos lo que hacemos. La tormenta de ideas siempre aparece para la
reflexión, para preguntarnos, de vez en cuando, la manera en cómo vemos el mundo y direccionamos nuestras
vidas, ¿por qué se es lo que se es?
La negación sistemática de nuestra inherente capacidad de pensar ha sido la victoria más importante del la estructura de vida que llevamos, ¿por qué ya no
pensamos en favor de la humanidad?, ¿por qué la existencia se ha banalizado tanto?,
¿por qué fuimos presa fácil del consumo y el mercado?,o, más bien, ¿fue la violencia ejercida en contra nosotros lo que terminó por callarnos y el miedo nos
transformó en cobardes que prefieren vivir muertos?
Nos estamos moviendo sobre
cimientos de mentiras que matan a miles de seres
humanos, animales, plantas y todo aquel ente de origen orgánico,
sin embargo, todo sigue así, tal cual, a nadie parece importarle nada, la
atención siempre está sobre lo más imbécil. Nos hemos convertido en sacos de
deseos, pero de deseos falsos, fantasmagóricos, nos han encandilado las luces
del espectáculo “gringo”.
¿Por qué se le ha tomado tanto
miedo a pensar?, no pensar la pregunta por la pregunta, la crítica por la crítica
en función de relativizar el mundo y quitarle orden a las ideas para decir que todo puede ser y no ser al mismo tiempo, la pregunta y la crítica en favor
de nuestra humanidad y, al mismo tiempo, nuestra morada. Detengamos un poco
nuestras existencias y busquémosle el sentido, sin olvidarnos del otro, no
olvidemos el poder de la unión subversiva, de la crítica colectiva, porque solo se puede leer mejor el contexto a través de la relación que tenemos con nuestros próximos, los que habitan en nuestras mismas realidades, los que comparten nuestra historia.
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